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jueves, 15 de abril de 2010

Sudor

Pedro Mairal nunca defrauda. Acá un cuento hot, cortesía del señor de abajo.

jueves, 25 de febrero de 2010

Cuando hablábamos con los muertos

Mariana Enríquez escribe un cuento de terror que va como piña de karateka...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

No retornable


Salió el nuevo número de No- Retornable!

martes, 1 de diciembre de 2009

El señor de las liebres voladoras


Hace un tiempo me invitaron a participar de una revista literaria. “Podes escribir sobre cualquier cosa” me dijeron. A la pole llegaron tres autores: Cesar Aira, Claudia Masín, Fabián Casas. De Aira me interesaba tanto su ambigüedad imaginativa como su misterio: no da entrevistas, produce a un ritmo infernal, nunca se sabe bien donde está, que hace, como piensa. El sábado apareció, en ADN cultura, una entrevista genial al autor de La liebre. Quiero resaltar dos momentos:


“Creo que la narrativa, en la Argentina por lo menos, ha caído en un realismo un poco chato, casi costumbrista, costumbrista tecno, pero costumbrista al fin. Hay una chatura tal (y me sucede con muchos jóvenes que se reclaman de mi influencia, de mí como modelo) que, cuando leo lo que escriben, me sorprendo. Ha quedado muy relegada la invención. Hay como más voluntad de testimonio, de estas vidas maravillosas que estamos llevando. Creo que la historia les ha jugado una mala pasada a los novelistas, y es que les ha solucionado muchos problemas. Y una novela sin conflicto… Estos jóvenes de clase media, que son los que escriben, los que van a la Facultad de Letras, hoy día ya no tienen ningún problema, la historia se encargó de solucionarles todo. El problema sexual, por ejemplo: hoy los jóvenes no tienen los problemas que teníamos nosotros. Entonces se inventan. O recurren a la neurosis. A la hipocondría. Y toda esa miseria psicológica a mí me cansa. Yo quedé como enganchado a las novelas de piratas: salgamos al mar a hacer algo, a tener aventuras. Este realismo de barrio elegante, Palermo Soho, no me convence”.


“Cuando mis hijos eran chicos, vivíamos en un departamento muy pequeño, y me acostumbré a ir a un café, sentarme y escribir ahí. Buenos Aires es una ciudad, bendita sea, que tiene muchos cafés muy acogedores donde uno puede quedarse tranquilamente. En mi caso, nunca mucho. Media hora, una hora, en que me siento, a mitad de la mañana. Mis hijos crecieron, se fueron a vivir solos, pero la costumbre mía quedó. Así que todas las mañanas, a media mañana, me voy a un café y hago mi sesión del día: escribir una paginita, porque voy escribiendo muy despacito. A veces he pensado si lo mío no se parece más al dibujo que a la escritura, en el sentido de que soy muy fetichista de lapiceras, tintas, papeles buenos, cuadernos muy exquisitos, y escribo tan despacito y pensándolo tanto. Todo lo mío tiene un componente visual muy grande. Siempre estoy pensando que se vea bien lo que estoy escribiendo, al final de cuentas me parece que estoy haciendo un dibujo cada día”


La interviuw completa, acá


lunes, 2 de noviembre de 2009

El evangelio beat según Kerouac

1. Cuadernos de notas secretos, garabateados, y páginas salvajemente escritas a máquina, para tu propia felicidad.

2. Sométete a todo, abierto, escuchando.

3. Intenta no emborracharte fuera de casa.

4. Enamórate de tu propia vida.

5. Lo que sientas encontrará su propia forma.

6. Sé el santo ingenuo de tu imaginación.

7. Sopla tan profundo como quieras soplar.

8. Escribe lo que creas insondable, desde lo hondo de tu imaginación.

9. Las inexpresables visiones del individuo.

10. No le des más tiempo a la poesía del que precisa con exactitud.

11. Cosquillas visionarias temblando en tu pecho.

12. Sueña en trance permanente los objetos que están delante de ti.

13. Deshazte de tus inhibiciones literarias, gramaticales y sintácticas.

14. Como Proust, sé un viejo fumado del tiempo.

15. Di la verdadera historia del mundo en un monólogo interior.

16. La joya central del interés es un ojo dentro del ojo.

17. Escribe para recuerdo y asombro de ti mismo.

18. Sé conciso en una mirada aguzada, nadando el mar del lenguaje.

19. Acepta para siempre el fracaso.

20. Cree en el sagrado contorno de la vida.

21. Esfuérzate en describir el fluido que ya existe en tu mente.

22. Si te detienes, no pienses en la palabra más que para ver mejor la imagen.

23. Síguele el rastro a cada día, en el bálsamo de las mañanas.

24. No temas o te avergüences del conocimiento, el lenguaje o la dignidad de tu experiencia.

25. Escribe para que el mundo vea la exacta imagen que tienes de él.

26. Un libro-película es una película en palabras, la forma visual americana.

27. Alaba el carácter del parpadeo de la inhumana soledad.

28. Composición salvaje, pura, indisciplinada, venida de dentro, alocada si es posible.

29. Eres un genio siempre.

30. Director-escritor de películas terrenales, auspiciadas y protegidas por el Cielo.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Che

que maravilla este cuento de Pedro Mairal.

viernes, 30 de octubre de 2009

Un adelanto de la nota que estoy escribiendo sobre Fabián Casas


A la poesía de Casas hay que darle tiempo, te va a quebrar, pero es una poética de la paciencia. Una certeza: sus poemas son más duros, agónicos, descarnados, más brutales que su narrativa. Sus cuentos por momentos apelan al humor, los impasses y el anecdotario para salvarnos del bajón. En ese sentido la estructura del verso es más limitada, en especial en un poemario como El salmón, construido y potenciado a partir de su brevedad. El Yo poético es fuerte a partir del tono y las sentencias pero no por instaurar y centralizar la lógica poética a un sujeto que se posiciona como núcleo. Quizá para superar aquella sonoridad punk que late en sus relatos, en sus poesías hay otra forma de la épica apoyada en la literatura y la mitología...

martes, 11 de agosto de 2009

Emergencia

Un gran cuento de Denis Johnson

Caja nacional de ahorro postal


Una vez, cuando era muy pequeño, había conseguido una moneda de diez centavos y tenía muchos deseos de dársela a una vieja mendiga que solía apostarse entre las dos plazas. Ahora bien, me parecía una cantidad inmensa de dinero, una suma que probablemente ningún mendigo había recibido jamás, y por tanto me avergonzaba hacer algo tan extravagante ante la mendiga. Pero de todos tenía que darle el dinero; cambié la moneda, le di un centavo a la vieja, luego di la vuelta entera a la manzana de la Municipalidad y de la arcada, volví a aparecer como un nuevo benefactor por la izquierda, volví a darle un centavo a la mendiga, me eché nuevamente a correr y repetí dichoso diez veces la maniobra. (O tal vez menos, porque creo que en cierto momento la mendiga perdió la paciencia y desapareció.) De todos modos, al final me sentía tan agotado, también moralmente, que me fui corriendo a mi casa y lloré hasta que mi madre me repuso los diez centavos.
Ya ves, tengo mala suerte con los mendigos, no obstante me declaro capaz de entregar toda mi fortuna presente y futura, cambiada en los billetes de menos valor, a una mendiga junto a la Ópera, siempre bajo la condición de que tú estes a mi lado y que yo pueda sentir tu proximidad.

Franz Kafka

jueves, 30 de julio de 2009

viernes, 17 de julio de 2009

No apagues nunca tu radiograbador, chiquita


“Como cuando le bajan el volumen a la música, a cualquiera, y yo siento que el mundo baja de volumen y aún más, que se desinfla”


Andrés Caicedo.


miércoles, 15 de julio de 2009

Wild at heart

Linda interviú a Pablo Ramos en Eterna Cadencia: acá y acá

jueves, 9 de julio de 2009

Mecanismos publicitarios


Son las cuatro y pico de la tarde; estoy tomando una taza enorme de café con leche mientras chequeo mails y multiplico mis terminaciones nerviosas en decenas de sitios y blogs cuando, desde cualquier parte, me aparece un bloquecito rectangular. Parece la postal de algún destino europeo, lo que ya es bastante raro, hasta que van apareciendo algunas palabras claves: Levrero, escritor, Mondadori, novela, culto. Después esto, simplemente:


“Siempre supe que escribir esa novela luminosa significaba intentar exorcizar el miedo a la muerte”


No te voy a decir que la cabeza se me hincho como un melón, pero me dieron ganas mortales de pasar por una librería.

miércoles, 10 de junio de 2009

Mujeres desesperadas de Samantha Schweblin


Parada en el medio de la ruta Felicidad ha creído ver, en el horizonte, el débil reflejo de las luces traseras del auto. Ahora, en la oscuridad cerrada del campo, sólo se distinguen la luna y su vestido de novia. Sentada sobre una piedra junto a la puerta del baño concluye que no tendría que haber tardado tanto. Desprende del tul algunos granos de arroz. Apenas puede adivinar el paisaje: el campo, la ruta y el baño.
Quiere llorar, pero todavía no puede. Corrige los pliegues del vestido, se mira las uñas, y contempla, cada tanto, la ruta por la que él se ha ido. Entonces algo sucede:
-No vuelven- dice una mujer.
Felicidad se asusta y grita. Por un segundo cree encontrarse frente a un fantasma. Intenta controlarse, pero el cuerpo no deja de temblarle. Mira a la mujer: nada parece sobresaltarla, tiene una expresión vieja y amarga, aunque conserva entre las arrugas grandes ojos claros y labios de perfectas dimensiones.
-La ruta es una mierda- dice la mujer. Saca de su bolsillo un cigarrillo, lo enciende y se lo lleva a la boca- Una mierda. Lo peor…
Una luz blanca aparece en la ruta, las ilumina al pasar, y se esfuma con su tono rojizo.
-¿Y qué? ¿Vas a esperarlo?- dice la mujer.
Ella mira el lado de la ruta por el que, de volver su marido, vería aparecer el auto, y no se anima a responder.
-Nené- dice la mujer, y le ofrece la mano.
Ella extiende con duda la suya y se saludan. Los movimientos de Nené son firmes y fuertes.
-Mirá- dice Nené; se sienta junto a Felicidad- voy a hacértela corta- pisa el cigarrillo apenas empezado, enfatiza las palabras- se cansan de esperar y te dejan. Eso es todo. Parece que esperar es algo que no toleran. Entonces ellas lloran y los esperan… Y los esperan… Y sobre todo, y durante mucho tiempo: lloran, lloran y lloran todavía más.

Acá el cuento completo

sábado, 30 de mayo de 2009

Zeppelin

Otro texto letal de Fabián Casas

martes, 24 de marzo de 2009

Cosas que piensa Daniel Durand


Una vez que iba en tren para el oeste tuve una visión, empecé a ver todos los fondos de las casas, la mayoría de ellos con una pileta, y ahí llegué a la conclusión de que los seres humanos todavía somos anfibios, a mi la lluvia me redime, un vaso de agua me hace sentir mejor, las piletas me ilusionan, a la noche los chorros de agua que caen en los tanques me tranquilizan, me proporcionan imágenes ligadas a lo adánico, y ni que hablar de la sensación de ver correr el río, ahí me siento muy tranquilo.

Acá la entrevista completa

jueves, 26 de febrero de 2009

Elogio del errar


Corregir es errar una y otra vez, y el error es finalmente el estilo. Creo con fervor que un texto al que no le sobra nada, es porque le está faltando algo. Se me podrá decir que hay poemas y cuentos a los que no les sobra ni una coma, y yo diré que sí le sobran, sólo que de manera brillante. Por otra parte, lo que le sobra a un cuento de Carver es Carver, lo que le sobra a un poema de Pizarnik es Pizarnik, lo que le sobra a una novela de Onetti es Onetti. El problema es cuando se corrige no para llegar al más perfecto perfil de nuestro errar, sino para, algunos talleres literarios y todas las escuelas de Letras de por medio, ser correctos. Escribir es la bifurcación, el camino hacia el castillo del vampiro o la casona de la familia caníbal que tomaremos mientras el espectador que somos se dice a sí mismo, “¿pero no se da cuenta que para ese lado los van a matar?”.


Ricardo Romero

lunes, 16 de febrero de 2009

Fragmentos

"Esperemos solo lo que tiene alguna posibilidad de alcanzarse. Reparemos algunas cosas. Un poco es mucho. Una cosa reparada puede cambiar otras mil"

John Berger