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domingo, 6 de abril de 2008

Sobre una noticia fantástica

Dos personas hipnotizan a la cajera y roban 500 euros de una oficina de cambio de divisas en Italia
EFE
ROMA

Dos ciudadanos italianos robaron 500 euros de una oficina de cambio de divisas del aeropuerto de Treviso (norte de Italia) tras hipnotizar a la cajera con "una pocas palabras cadenciosas" y repetidas de forma continuada, acompañadas de "una serie de gestos particulares", han informado medios locales.
Con esta técnica, lograron "inducir" a la cajera de la oficina, a la que pagaron una recarga de diez euros para el teléfono móvil con un billete de 500 euros, a que les diera no solo el cambio -es decir, 490 euros-, sino también el billete que le habían entregado en un primer momento.

"No me daba cuenta de lo que pasaba, no entendía nada, y esta persona logró inducirme a lo que hice sin que yo me percatara", ha declarado la empleada a medios locales. Según la policía, que detuvo a los dos presuntos ladrones en Nápoles, donde residían y se sospecha cometieron delitos similares, estos conseguían adormecer a sus víctimas, que permanecían aturdidas e inconscientes de sus actos mientras ellos les robaban o estafaban.

La captura se produjo tras un "despiste" de los hipnotizadores, que recargaron un teléfono móvil con una tarjeta de crédito cuyo robo había sido denunciado, lo que permitió a los agentes conocer el número de los presuntos delincuentes e identificarlos.
La policía sospecha que los detenidos, de 47 y 57 años, están detrás de varios delitos cometidos usando este tipo de técnicas en distintas zonas de Italia.

lunes, 3 de marzo de 2008

La parte secreta de un paracaidas


A las seis de la mañana los gatos del Jardín Botánico se esconden debajo de los bancos o te miran pasar, con esos ojos manzanales de cerámica nocturna. Un gordo viene de frente escuchando una canción de Hilda Lizarazu. No se sabe si está triste o contento, mueve un poco la cabeza pero se nota que está compenetrado en el camino, como si fuera posible equivocar el paso y caer de pronto por una boca de subte. En realidad no está demasiado lindo para quedarse fumando a la intemperie, pero es así como la veo: algo como una comadreja del tamaño de un perro Schnauzer, bordeando un arbusto, arrastrando una cola de rata gorda y pesada. Me hecho hacia atrás hasta casi caerme con el cordón de la vereda. En realidad no se que es, digo comadreja gigante, pero mirando ahora las fotos a través del google, es imposible. ¿Una especie de mutación urbana? ¿Una cruza extraña entre gato y rata? Por Santa Fe vagan los coches como si buscaran una escapatoria de la luz o de Buenos Aires. El tiempo se hace lerdo, la velocidad no funda el olvido. Desaparecer no es sonreír, dice Charly, dice también el comienzo de un poema que escribí hace mucho. Me pregunto entonces que ocurre cuando se entrecruzan los ciclos, cuando algo del otro se empieza a permeabilizar despacito, como si un error de cálculo hiciera posible el entrecruzamiento de las franjas. Igual que en Cicatrices, esa maravillosa novela de Saer. ¿Qué sucede cuando la gente cambia y se nos tornan de pronto desconocidos? ¿O lo que cambia es nuestra consistencia, nuestra superficie? Camino hacia Borges, se que la tristeza y el malhumor son mas contagiosos que un bostezo. Mientras, Ocelote alondra de Buscaglia suena en las orejas.

domingo, 17 de febrero de 2008

Una mesa con cien mamuths

El futuro empieza en algún lado, dice la voz en off de la peli, mientras Kate Winslet se duerme junto a su hijo. Así termina la aventura no del todo fallida de Todd Field sobre los impulsos humanos y aquellos sentimientos que permanecen a la sombra, a veces violentamente proscriptos, indeseables o bellos. Así termina mi domingo, o comienza la madrugada del lunes. Me siento a escribir. Pero quiero volver, la salida del subte en Plaza de Mayo, ese violento germen de pánico o ansiedad, las dos cosas, hace tanto que no viajaba en el subte medio desolado de los sábados. Y también el miedo. Casi siempre me doy cuenta que estoy golpeando las rodillas después de varios minutos. No puedo parar. En la superficie escucho los bombos y me viene el olor de los choris. Alguien habla de una banda que viene desde Mendoza y arranca, de no se donde, la música de Karamelo Santo. Después de un rato enfilo para el Parque Lezama, no se bien a qué, descubrir, buscar, hacer algo. Hace tiempo que ando rellenando cada momento con lo que sea que surja. Para no estar conmigo a secas. Algo parecido. Pero me siento a escribir, encuentro un mensaje diciendo que el poemario es bonito, la parte doce increíble. Sonrío. Y sé que se me forman unos pequeños hoyuelos debajo de la barba. El primer cuento de Abelardo Castillo que leí, una mañana en La Plata en la que no pude pegar un ojo, que cerraba, a lo Castillo: hay cosas que jamás debieran escribirse. Entonces todo como un gran cuento de Hemingway, lo verdaderamente importante está ocurriendo en los márgenes de lo que se escribe. Ahora la sonrisa es forzada. Me voy a dormir.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Imperdible

Peter Mairal es un as hablando de culos.