Entonces Julián vio a la Negra. Desde la vereda venía con Camila y Esteban, acarreando un cajón de cervezas.
Más tarde esa noche la Negra lo llamó a un costado.
– Quiero hablar con vos – le dijo
Hacia calor en el parque y se escuchaba el croar esponjoso de los sapos.
– ¿Me podés explicar si vos sos boludo o qué?
– ¿Eh?
Julián se había atragantado con la pregunta.
– ¿Sos boludo o no? – repitió.
El cagón no sabía que pensar.
– Vení – le dijo finalmente la Negra.
Dieron la vuelta a la casa y se besaron. La Negra tenía la lengua rasposa e iba llevando las manos de Julián en la dirección en que quería que le acariciara el cuerpo. Al cagón no le importó mucho, ni siquiera se percató de su inocencia: estallaba de felicidad. A los diecisiete años era el primer beso que daba en su vida.





