martes, 21 de julio de 2009

lunes, 20 de julio de 2009

¡Magia!


¿De qué están hechos los amigos?

me pregunta el pequeño Igor

recostado en el sofá. Te puedo contar

de lo que no están hechos:

por lo pronto de papel metalizado

y producido en masa por

las planchas de hierro de la cultura

y el tiempo industrial.


domingo, 19 de julio de 2009

En otro orden de cosas

viernes, 17 de julio de 2009

No apagues nunca tu radiograbador, chiquita


“Como cuando le bajan el volumen a la música, a cualquiera, y yo siento que el mundo baja de volumen y aún más, que se desinfla”


Andrés Caicedo.


jueves, 16 de julio de 2009


No tengo idea: puede ser por pasión puaner, mi costado femenino que se entusiasma ante las diatribas de la indumentaria y la combinación de colores y accesorios, quizá por puro chusmerio y obsesión contemplativa. El asunto es que me re va el blog sobre Puan y la moda.

miércoles, 15 de julio de 2009

Echale agua


En nuestras charlas quincenales con la psicóloga jipi tenemos un punto de fricción: ella ve en la dificultad actual por mantener cualquier relación de pareja la marca de un individualismo extremo que nos coloca a nosotros (léase los sujetos) como borders entre la psicosis y la neurosis. Así somos los jóvenes posmo. Yo me resigno: soy individualista y punto. Igual creo que el cruce está en otro lado, entre el cinismo contemplativo y la conciencia social. Ponele, yo miro esta foto y me viene un wow, pero un wow estético. Onda: ¿Cómo carajo hizo este tipo para sacar semejante picture?




Wild at heart

Linda interviú a Pablo Ramos en Eterna Cadencia: acá y acá

martes, 14 de julio de 2009

Snowball


¿Así se llama el gato de los Simpsons no? En fin, Male me pasó este enrollado blogger-literario. El asunto es así:



1) Tomar el libro que tenés más cerca.

2) Abrirlo en la página 161.

3) Buscar la 5º frase (completa).

4) Citar la frase en tu blog.

5) Pasarlo a otros 5 blogs.



Confieso que el libro que tengo al lado tiene menos de 150 páginas, así que me estiro un poquito más. Ahí va:



Supe también que había engañado a alguien; hasta ese momento no había sentido culpa, no había sentido nada aparte de mi amor por Lisa. Aunque Lalo tenía ganas de llorar, dobló un poco las rodillas y me miró desde abajo con una sonrisa:

- ¿Qué te pasa, boludo?- me dijo.

- La extraño.

En Chicos, de Sergio Bizzio.



¿La verdad? Me da un poco de fiaca reenviar; además, nunca se sabe quien se copa en estas cosas. Así que invito al que tenga ganas a recoger el guante.


viernes, 10 de julio de 2009

Para pasar el frio

Ponele un poco de Beach Boys a tu invierno porteño

jueves, 9 de julio de 2009

Mecanismos publicitarios


Son las cuatro y pico de la tarde; estoy tomando una taza enorme de café con leche mientras chequeo mails y multiplico mis terminaciones nerviosas en decenas de sitios y blogs cuando, desde cualquier parte, me aparece un bloquecito rectangular. Parece la postal de algún destino europeo, lo que ya es bastante raro, hasta que van apareciendo algunas palabras claves: Levrero, escritor, Mondadori, novela, culto. Después esto, simplemente:


“Siempre supe que escribir esa novela luminosa significaba intentar exorcizar el miedo a la muerte”


No te voy a decir que la cabeza se me hincho como un melón, pero me dieron ganas mortales de pasar por una librería.

miércoles, 8 de julio de 2009

Paris, Texas

Me gustaría contarte lo que veo, hablarte
de los hoteles abandonados apareciendo de la nada
en el medio de la carretera como castillos solitarios
cuyos puentes levadizos hubieran sido
dinamitados hace tiempo. Me gustaría
contarte lo que veo pero es imposible
hallar un dolor que condescienda
a ser narrado. ¿Vale la pena entonces,
emprender tan largo viaje para ir de un extremo
a otro del silencio? También es imposible
callar por completo: sé que terminaré por llamarte,
como se llama a alguien cuando se está a oscuras,
sin el auxilio de la voz, un estremecimiento
semejante al de esas luciérnagas
que al chocar contra un parabrisas en la ruta,
se deshacen esparciendo una nube pequeña
de polvo y luz, y ésa -quizás- es su idea
de un encuentro.

Claudia Masin

jueves, 2 de julio de 2009

martes, 30 de junio de 2009

No more Bongo


A la tristeza y decepción post-electoral del domingo, la paranoia, los mocos y el catarro, la semana larga con el final de radio Kabul. O sea, la única frecuencia que te podía mechar la etapa experimental de Neil Young con The Smiths y los Pixies. Alternativas para cubrir los respectivos baches de radioescucha obse, bienvenidas.


lunes, 22 de junio de 2009

Visions of Johanna



¿No es propio de la noche confundirte cuando tratas de evitarlo?
Estamos equivocados, aunque nos esforcemos por negarlo
y Louise sostiene un puñado de lluvia, tentándote para desafiarlo
las luces parpadean en el loft de enfrente.

En esta habitación la calefacción tose,
la emisora de country suena suave
pero no hay nada de nada que apagar
sólo Louise y su amante entrelazados
y estas visiones de Johanna que me asedian

En el solar donde las damas juegan a la gallina ciega con el llavero
y las noctámbulas murmuran escapadas en el tren "D"
podemos oír al sereno encender su linterna,
preguntarse si es él o son ellas quien está loco.
Louise está bien, tan sólo cerca
es delicada y se parece al espejo
pero deja perfectamente claro
que Johanna no está aquí.
El fantasma de la electricidad aúlla en sus huesos faciales
donde estas visiones de Johanna ya ocupan mi lugar.

El pequeño niño extraviado se toma tan en serio
se jacta de su desgracia, le gusta vivir al límite
y cuando menciona el nombre de ella
menciona un beso de adiós.
Tiene arrestos ser tan inútil
soltar nimiedades cuando estoy en el salón
¿Cómo lo explico?
Oh, es tan difícil seguir
y estas visiones de Johanna me desvelaron hasta el alba.

Dentro de los museos, el Infinito va a juicio
las voces repiten que al final así debería salvarse
pero Mona Lisa debe haber sentido una nostalgia de autopista,
se ve por el modo en que sonríe.
Mira cómo se congela ese alhelí ancestral
cuando las mujeres de rostro gelatinoso estornudan
escucha a la bigotuda, "Jesús,
no puedo encontrar mis rodillas"
Oh joyas y anteojos cuelgan de la cabeza de la mula
pero estas visiones de Johanna hacen que todo parezca tan cruel

El vendedor ambulante le habla a la condesa

que finge preocuparse diciendo "Nombra a alguien

que no sea un parásito y saldré y rezaré por él"
Pero como Louise suele decir
"No puedes abarcar mucho, ¿verdad?"
Y ella misma se prepara para él
y Madonna sigue sin aparecer
vemos que la jaula vacía se oxida
donde su capa teatral ondeaba,
el violinista se pone en camino
escribe que se devolvió lo necesario
en la parte trasera del camión de pescado que carga
mientras mi conciencia estalla
y las armónicas tocan las llaves maestras y la lluvia
y estas visiones de Johanna son lo único que me queda.


viernes, 19 de junio de 2009

Underground


Mi abuelo escondió la hormona
de su pasado en un frasco misterioso
envuelto en el guadal
dos metros
bajo tierra. Se cree que viajó
en silencio durante varias horas
a una velocidad menor
que la del pensamiento; lo único
cierto es que en algún punto
impreciso del campo
cavó un foso.

En algunas películas
los presos excavan túneles
hacia el exterior
no hacia dentro
como hizo mi abuelo: son dos polos
de la misma cosa: salir
entrar. Cavan
con pequeñas cucharas de metal
oxidadas y oscuras
la diagramación material
de una esperanza. No cualquiera
puede controlar
un manojo de esperanzas: esto
no hay que olvidarlo jamás.
Esos hombres
sueñan que cavan:
se despiertan agotados
de cavar túneles. Lo curioso
realmente
no es como se las arreglaban
para ocultar el polvo
y la tierra, sino
que clase de precisión infernal
los guiaba en las tinieblas
cómo no llegar a cualquier
otra parte de lo que
el deseo construye.

Entonces:

en una madrugada del `53 mi abuelo
cava un foso; otros hombres
se despiertan agotados
de soñar túneles. Hay maquinarias
que trabajan en la noche
con la hidráulica de lo desconocido.

miércoles, 17 de junio de 2009

Problemas creativos

martes, 16 de junio de 2009

El pulmón vacilante (versión deluxe)


Entonces hago girar los paneles y aparece la voz de Lucas gritando que me apure. Mi cuerpo lo veo desde afuera, primero desde la posición de Lucas y después, como si fuera parte del metegol o un pedazo de suelo, me veo llegar desde abajo, un bulto enorme que, en todas direcciones, se preocupa por hacerme sombra. Tardo un rato en distinguir: yo estoy jugando atrás y cada tanto meto unos bombazos bárbaros desde el palote despintado que hace de arquero. Mi táctica es colocar a los cuatro defensores en degradé permitiendo un tiro dificilísimo, con el arquero tapando el único espacio libre por donde podría meterse la pelota. Soy bueno jugando atrás. No me sobra técnica pero tengo mis mañas. Tampoco hablo mucho ni canchereo cuando ganamos. Alguien golpea con el puño y un movimiento sísmico desparrama la pelota. Sonidos. Gol. Giselle camina a lo lejos con la ropa de gimnasia, tiene un culo bárbaro que parece hincharse por los lompas de jogging. Cuando sueño con Giselle me despierto cansado de tanto soñar con Giselle. Un sol redondo refleja su brillo en la cancha de metal. Va a oscurecer dentro de mucho. Los paneles giran y me mareo un toque en sus trompos, en las caras que aparecen a través de las ondas de choque. De pronto todo se detiene. Se coagula y se hace costra una imagen: es el día de la primavera y caemos los cinco pibes con una damajuana de seis litros. Decimos contentos que venimos con dama y que es puto el que no toma un trago largo. Sos un puto negro. El Tino no es puto porque manda. Nos tiramos en el pasto, cerca de las chicas, las chicas se me acercan por que soy amigo de Lucas y de los otros. Las chicas me saludan con un beso en la mejilla. Cada tanto me alcanzan sus vasitos de plástico y me piden que les sirva el vino dulce que garpamos quince mangos entre todos. La vida es barata y parece linda. Yo tomo directamente de la botella: levanto la damajuana desde el césped, haciendo fuerza con la muñeca y los bíceps y hundo la boca en el líquido que, sin darme cuenta, comienza a chorrear hasta ensuciarme el buzo. Alguien dice pasame el cardigan y pienso de donde surgió eso, de donde vino o cómo alguien, el día de la primavera, le dice cardigan a un suéter. Cuando las chicas me llaman Chino yo me despierto. Alguien pregunta, a los gritos, si es cierto que los orientales tienen la pija corta y todos comienzan a reír. Yo les digo nada que ver, que me la agarren si quieren, y tanteo, otra vez, la damajuana, el envoltorio gordo y hermoso de vino. Pero de nuevo me dan ganas de volver y hacer girar los paneles, antes que todo se deshaga, antes que me sea imposible rellenar de imagen y olor y nombres a este vértigo. Lucas está parado a mi lado, no se bien en donde, y una chica de ojos grandísimos lo toma de la mano y lo saca a bailar. Antes tomamos cerveza y tinto con la banda, en el cuartucho del Tino, pasábamos la jarrita plateada, un sorbo cada uno y la cumbia moviendo el techo y las luces. En el boliche me pierdo, me escondo en los rincones para que nadie me vea solo. Lo voy buscando a Lucas con la mirada, siempre baila o salta porque los jóvenes se la pasan bailando y saltando. Con un scanner me voy a hacer una copia de mi mismo, me voy a guardar en un cajón, cuando pasen los años sabré donde encontrarme.


viernes, 12 de junio de 2009

Se viene

"Una historia tendenciosa" se presenta los viernes a las 21 hs en el Crisol Teatro...

miércoles, 10 de junio de 2009

Mujeres desesperadas de Samantha Schweblin


Parada en el medio de la ruta Felicidad ha creído ver, en el horizonte, el débil reflejo de las luces traseras del auto. Ahora, en la oscuridad cerrada del campo, sólo se distinguen la luna y su vestido de novia. Sentada sobre una piedra junto a la puerta del baño concluye que no tendría que haber tardado tanto. Desprende del tul algunos granos de arroz. Apenas puede adivinar el paisaje: el campo, la ruta y el baño.
Quiere llorar, pero todavía no puede. Corrige los pliegues del vestido, se mira las uñas, y contempla, cada tanto, la ruta por la que él se ha ido. Entonces algo sucede:
-No vuelven- dice una mujer.
Felicidad se asusta y grita. Por un segundo cree encontrarse frente a un fantasma. Intenta controlarse, pero el cuerpo no deja de temblarle. Mira a la mujer: nada parece sobresaltarla, tiene una expresión vieja y amarga, aunque conserva entre las arrugas grandes ojos claros y labios de perfectas dimensiones.
-La ruta es una mierda- dice la mujer. Saca de su bolsillo un cigarrillo, lo enciende y se lo lleva a la boca- Una mierda. Lo peor…
Una luz blanca aparece en la ruta, las ilumina al pasar, y se esfuma con su tono rojizo.
-¿Y qué? ¿Vas a esperarlo?- dice la mujer.
Ella mira el lado de la ruta por el que, de volver su marido, vería aparecer el auto, y no se anima a responder.
-Nené- dice la mujer, y le ofrece la mano.
Ella extiende con duda la suya y se saludan. Los movimientos de Nené son firmes y fuertes.
-Mirá- dice Nené; se sienta junto a Felicidad- voy a hacértela corta- pisa el cigarrillo apenas empezado, enfatiza las palabras- se cansan de esperar y te dejan. Eso es todo. Parece que esperar es algo que no toleran. Entonces ellas lloran y los esperan… Y los esperan… Y sobre todo, y durante mucho tiempo: lloran, lloran y lloran todavía más.

Acá el cuento completo

martes, 9 de junio de 2009

Do the opposite

domingo, 7 de junio de 2009

Mi Carmen Sandiego


Sale de la ducha chorreando agua y mientras se seca el pelo con una toalla clarita, camina hasta el living. Luego se deja caer en el sofá, cruza las piernas; por un buen rato mira las paredes, después el balcón con las plantas, las dos sillas un poco sucias e iluminadas por el tubo de luz que hace un ruido seco y se demora un tiempo en cobrar fulgor. Al levantarse nota la humedad que ha dejado sobre el cuero del sofá. Camina hacia la habitación (antes se miró de reojo en los espejos del pasillo, pensó que estaba linda, que tiene que ir al flebólogo): elige una falda oscura, unas sandalias, una musculosa violeta.
Así estás bien Clara, así estás bien.

Sigue acá

jueves, 4 de junio de 2009

Bye Bye

miércoles, 3 de junio de 2009

Papeles inesperados


Se sabe que Alfaguara editó hace un tiempo un "nuevo" libro de Julio Cortázar: algo así como una recopilación de notas y escritos inéditos. En realidad en ningún momento pensé en comprarlo pero, buceando por ahí, me encontré con esto: una mini-ficción que quedó fuera de Historias de Cronopios y Famas. Ahi va:


Almuerzos

En el restaurante de los cronopios pasan estas cosas, a saber que un fama pide con gran concentración un bife con papas fritas, y se queda deunapieza cuando el cronopio camarero le pregunta cuántas papas fritas quiere.

-¿Cómo cuántas? -vocifera el fama-. ¡Usted me trae papas fritas y se acabó, qué joder!

-Es que aquí las servimos de a siete, treinta y dos, o noventa y ocho -explica el cronopio.

El fama medita un momento, y el resultado de su meditación consiste en decirle al cronopio:

-Vea, mi amigo, váyase al carajo.

Para inmensa sorpresa del fama, el cronopio obedece instantáneamente, es decir que desaparece como si se lo hubiera bebido el viento. Por supuesto el fama no llegará a saber jamás dónde queda el tal carajo, y el cronopio probablemente tampoco, pero en todo caso el almuerzo dista de ser un éxito.

martes, 2 de junio de 2009

Política Nacional


La función profiláctica

del lenguaje político
consiste en impedir un contacto
directo entre las cosas. Gracias al
desarrollo de nuevos materiales,
el código ha quedado reducido a un velo
imperceptible (estaba por decir inconsútil),
que hace sentir de todo
donde no pasa nada.

Valerio Magrelli

domingo, 31 de mayo de 2009

La plantita de la perdición

sábado, 30 de mayo de 2009

Zeppelin

Otro texto letal de Fabián Casas

miércoles, 27 de mayo de 2009

Dos


El otro día me avivé: escribo bastante bien en pedo, aunque todo tiemble y los subtes pasen debajo de mis pies. Tengo esa sensación: después hay que corregir, hacer un método de la prosa. Me acabo de terminar la segunda cerveza y pienso en William Faulkner y su rancho en Rowan Oak, en las novelas que escribía Fitzgerald sobre el jet set yanqui de los 20. Esas fiestas glamorosas y chic con productores de Hollywood, cocktails, actrices altísimas con gestos de Ava Gardner que murmuraban, humedeciéndose los labios, que estaban comprometidas cuando alguien las sacaba a bailar. Pero Fitzgerald chupaba veinte martines diarios para poder escribir, Kerouac lo mismo, se explotaba de anfetas y birra y escribía cebado en sus legendarios rollos de impresión, sin corregir absolutamente nada. Tengo la cabeza encerrada en una idea: quiero escribir sobre alguno de los viajes a Morteros, en el Renault que tenía mi viejo por el noventa y pico, escuchando canciones de Sergio Denis y del Puma Rodriguez. Mamá tenía esa emoción de los chicos cuando se marean en los viajes largos, me queda una imagen de ella vomitando en la ruta, entre los pajonales a treinta metros y las luces de la rotonda sobre su campera tejida, una imagen que me cae redonda como un relámpago. La cosa sucedía así: íbamos a Morteros cada dos o tres años a visitar a unos parientes, en realidad no era Morteros sino un campo algunos kilómetros antes de llegar a San Francisco. Durante la estadía, los cuatro (mis viejos, mi hermano y yo) dormíamos apretados en una pieza fresquísima que daba a una galería, detrás de eso un galpón enorme y el corral de los chanchos. Delante de la casa, en la tierra, había una canchita de fútbol donde nos matábamos a pelotazos con Fabián. Durante esos viajes, muchas veces, yo lo acompañaba a Néstor a alimentar a la vacas o a buscar peones que siempre hablaban con monosílabos: me tiraba en la parte de atrás de la chata, bajo un sol radiante y con los perros corriendo detrás, azuzándolos para que no se quedaran, con la esperanza estúpida de que nunca se resignaran al cansancio. Y lo peor es que corrían. En cambio ya no me acuerdo del viento o los olores, lo que sentía al fumar mis primeros cigarrillos. Una mierda en realidad. Había una pileta sucia a media llenar, como en las películas de Lucrecia Martel. Quizá esta relación la estoy construyendo a la inversa, no parto de la infancia hasta Lucrecia sino al revés, desde Graciela Borges tumbada como una momia en la reposera doy un salto enorme de doce años que arrasa con todo. Es como si tuviera una imposibilidad para acercarme a las cosas sin que medie un puente. Pero prefiero seguir un poquito más: Fabián tenía una hermana llamada Antonela, unos tres o cuatro años más grande que nosotros. Creo que hace poco se recibió de contadora y lo ayuda al Néstor con los números. Fue la primer mina que me calentó, por eso aquel viaje, el primero, tiene para mi cierto imaginario de iniciación. Palabra jodida esa, por que da a entender que me la garché pero nada que ver. Solo nos tomamos de la mano una vez en que casi me caigo de un caballo. También me llevó para afuera la tarde en que mi viejo llegó esquivando a los perros que le chumbaban, con mi hermano en brazos, gritando que le había agarrado la pierna con los rayos de la bicicleta. Sin querer, decía como si hiciera falta. Se le veía un pedazo de la tibia y Antonela me tomó del hombro y me acompañó afuera. Para distraerme me preguntó que música escuchaba y no puedo acordarme que cosa le respondí. Phillip Roth cierra así una de sus novelas: no hay que olvidar nada. Repito: no tenemos que olvidar nada.


lunes, 25 de mayo de 2009

Entonces me dijo: “estoy podrido de pasarme las noches buscando trabajo en zona jobs”


Pienso en trabajos hermosos y pienso

en manejar un camión por las rutas

heladas de la Patagonia;

o ser uno de esos sujetos que prestan su cuerpo

para hacer de ellos

pruebas científicas: por ejemplo

no me importaría que alguien me monitoree

y saque conclusiones

mientras duermo;

pero eso no es hermoso

es, a lo sumo, indistinto. Ser cuidador

de un acuario

sería hermoso, apoyar

la nariz sobre el vidrio

y el vidrio sobre el abdomen

de una mantarraya

o un pez cielo. Otro:

atender una librería

y leer en horario laboral

a Kerouac diciendo lo único

que me interesa del arte

es el sentimiento.