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miércoles, 14 de octubre de 2009

¿Homenaje a...?


En realidad no quiero hablar expresamente del cine de Almodóvar ni de la performance de Penélope Cruz, mucho menos discutir si Pedrito es mejor guionista que director. El domingo, antes de entrar al cinema, me quedé mirando el afiche de Los abrazos rotos con la sensación de que había un estatuto de clásico irradiando desde la imagen noir de Penélope. Es mas, quizá fue eso mismo (¿un eco?) lo que nos decidió por Los abrazos rotos en lugar de El secreto de tus ojos o, en menor medida, Bastardos sin gloria, del enorme Quentin. Lo que quiero decir: habría que estudiar la iconografía de los afiches de Almodóvar, a qué remiten, a quién homenajea, con qué inter-texto están jugando. Porque, sin dudas, alguien hace demasiado bien su trabajo.



jueves, 12 de marzo de 2009

Watchmen


Cuantitativamente el cine, en términos de industria, está muerto. Cualitativamente la cosa cambia. ¿O será nada más que otra frase salida de los gustos personales por determinado tipo de pelis? Después de ver Watchmen, me quedan algunas sensaciones:


Quizá sea la mejor adaptación que se ha hecho jamás de una historieta


No hay ninguna contradicción en esto de “novela gráfica”


Alguien se zarpó con la dirección de arte: ¿Podría ser mas adecuada esta canción de Dylan en los títulos iniciales? ¿O escuchar a Leonard Cohen mientras el Búho nocturno y Espectro de seda se dan maquina?


¿Cómo complejizar y delinear tan pero tan bien a ese maravilloso personaje que es Rorschach?


miércoles, 25 de febrero de 2009

Demasiados luchadores



En realidad es imposible que me suceda lo de Casas sencillamente porque voy solari al cine. Y cuando no, me da lo mismo que vemos o dejamos ver. La última peli (a la que realmente le quería hincar el diente) a la que fui onda cita fue Los infiltrados, esa movie medio pelo por la cual le dieron el oscar a Scorcece. Ah, perdón, otra con Di Caprio (ajá, lo banco a muerte) una de esas que transcurren en Medio Oriente, dirigida por Ridley Scott: el filme se salva raspando solo por algunas escenas donde se nota la terrible muñeca del director de Blade Runner. Pero en fin, de la misma manera en que zafo de esa tensión interior que no para de preguntarse si el otro disfruta o no disfruta (que en cambio, como a todo buen obsesivo, si me persigue en todo momento: morfi, drinks, sexo) también se me escapa la típica charlita out cinema. Eso la verdad que se extraña. Por eso me siento a escribir. Por eso voy caminando por Haedo como si escribiera una carta para nadie, aunque paremos la moto, no es para nadie, para mi o para vos o quien sea. A todo esto, en general tengo buena vibra con esto del cine: pocas veces me comí un bodrio. Algo me llega y ahí rumbeamos. Y algo me había llegado con Mickey. Además de que este tipo Darren Araf-no se cuanto venía de un desastre bárbaro con The Fountain. Y tenía que levantar cabeza. Con El Luchador creo que alcanza su madurez creativa. La peli, como me dijo una vez Hernán -“la gente ama los regresos”- tiene un poquito de esa onda. Pero si adoras a los perdedores, si sentís que siempre hay un resguardo que se termina por acabar, algo así como el revés ficticio de la realidad, si te copa una buena historia chiquitita, te va a encantar. Leí en algún lado que la escena más difícil de todas fue las supermarket (en inglés suena más bajón todavía), justamente por que Mickey Rourke pasó años de su vida laburando en uno de esos atolladeros del desastre humano. Esa escena es el crack, el momento en que la atmósfera laboral se revienta ante el quilombo interior. Esa escena es terrible. Una de tantas. Por que, si bien Darren no te aniquila con golpes bajos (como hace en Réquiem para un sueño) tampoco tiene misericordia. Te cuenta lo que tiene que contarte, de la manera exacta, con una cámara que por momentos te da la sensación de estar viendo un documental.




Lo que también es genial es la lupa por esa cosita pasmosa que es el catch clase B en yanquilandia, nada de esa mierda que pasan los domingos a la tarde por Sony. Creo que la historia se basa en la biografía de un famoso luchador ochentoso que jamás pudo salir del alcohol y la merca. No importa, voy a decir algo obvio: Ram, el luchador de la peli, es y no puede ser otro que Mickey Rourke (y nadie pudo haber elegido mejor el momento en que suena Sweet child O mine) Y esta lectura no ocurre in situ, puede ocurrir antes o después, nunca durante. También leí que el fucking mainstream yanqui no le quería dar fondos al proyecto sabiendo quién iba a ser el actor principal. Entonces se barajó la posibilidad de que Nicolas Cage interpretara a Ram. Hubiese sido un desastre, es más, creo que el proyecto hubiera quedado en eso: proyecto. Era Mickey o nada, quien aparece cerca del 99 % del film. Y creo que hay algo de ese orden que traza un nexo conmigo, algo relacionado con la actuación, lo que hace que toda relación con una actriz me estimule, lo que hace que me sienta fascinado ante estas maravillosas performers de un actor. Puede que algo intimo. No lo sé. Pienso otra cosa, mientras decido si tomarme un vino o ponerme a escribir un cuento (o ambas cosas): Bruce Springsteen es un enorme compositor. Su voz cascada me llega mucho. Me sucedió con La hora 25 y esta vez con El luchador, cuando todo se ilumina y la gente comienza a abandonar la sala del cine, cuando pensas si estará o no lloviendo, ir caminando o esperar el bondi en la parada de la estación.


sábado, 10 de enero de 2009

Mi escena preferida

Fumarte un buen churro genera cosas como esta...

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El sabor de la noche



Mientras va terminando el año y el tiempo se divide entre fiestas y encuentros y finales (y cumpleaños, presentaciones editoriales, planes de vacaciones para bolsillos flacos) también hay ratos para cranear proyectos e ir pensando, no tanto en todo lo que pasó, sino en lo que viene. Queda tiempo, además, para leer libros o ver películas después de los churrascos con papas fritas de la cena. Siempre que me dan ganas de escribir unos apuntes sobre cine o matizar mi gusto sobre algo, me pregunto si este blog tiende hacia comentarios medianamente serios y críticos o, en cambio, busco una expresión personal, un puñado de ideas o sensaciones. Creo que haré un mix entre ambos. Hace un rato terminé de ver My blueberry nights y pensaba que, cualitativamente, el cine sigue siendo una experiencia maravillosa. Podrá ser cierto que el 95 % de la cartelera está repleta de films que más vale perderse, pero por suerte cada tanto me encuentro con tipos como Wong Kar Wai. Quiero decir que no es la primera peli que veo del oriental, hace uno o dos años me crucé con 2046 y, mas allá de lo visual, me quedé con sabor a poco. Un gran idea para un cuento, entre amoroso y fantástico (Bioy Casares pudo hacer maravillas con ese argumento) pero me embolé. En My blueberry nights tuve la sensación de que Wai hacía logrado equilibrar lo estético (la fotografía y los tonos son extraordinarios) con el contenido: una especie de maniobra que deja al tobogán estable. En fin: una road movie romántica que recorre la carretera 66, donde brilla Norah Jones. Y los actores secundarios (hay gente como Jude Law o Natalie Portman que nunca decepcionan) Y cada diálogo. Y la música: la versión de Harvest moon del enorme Neil Young pone los pelos de punta.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Peli para ver

lunes, 28 de julio de 2008

Batman: El caballero oscuro




Se entiende que este blog es bastante ecléctico, aunque alguna vez, acá y acá, ya habíamos hablado de cine. Jamás de historietas, aunque tengo pensado escribir sobre algunos personajes de comic un día de estos. Sucede que vengo de ver la película del encapuchado, del maniático millonario que se disfraza de rata gigante y sale a combatir el crimen por las noches. Es difícil escribir sobre algo que a uno le ha gustado muchísimo, más sencillo ponderar las críticas que despierta un disco, una película, un libro. A Batman empecé a leerlo de pibe, hay una saga fabulosa llamada Justicia ciega, en la cual, se decía, iba a basarse Christopher Nolan (a esta altura, un director que ha renovado las bases del thriller norteamericano) y su hermano guionista para esta película. Es un mini-book de tres historietas de alrededor de 50 página cada una, mucho antes de que Batman apareciera peleando contra Depredador, o combatiendo al Ku Klux Klan o en la saga Veneno, cuando retoma las corridas del justiciero oscuro con cincuenta y pico de años, algo esquizo e inflado de anabólicos y anfetas. Pareciera que el personaje creado por Bob Kane siempre ha dado letra a las más fantásticas y perturbadoras imaginaciones. Volvamos: en Justicia ciega un Bruce Wayne paralítico es acusado de comunista, lo que Nolan seguramente reformularía como un millonario que sostiene con sus fondos al terrorismo (fundamentalista o no) mientras Batman se las tiene que ver contra una organización de asesinos a distancia, surgida como un departamento de la propia Waynetech a finales de la primer guerra mundial. La novela gráfica (y está bien llamarla así) es excelente, si pueden conseguirla, haganlo, es mas que recomendable. Para el que no vio El Caballero de la noche, los mismos dilemas se van trazando tanto en la peli como en el comic. También me hizo pensar en La broma asesina, cuando la locura del Guasón y de Batman logran emparejarse: ¿A quién le funciona peor, al payasito que reparte caos o al tipo que se viste de murciélago y pretende acabar con el mal a golpe de puño?

En fin, vayamos a la peli: esta nueva versión de Batman deja atrás todo el cine de superhéroes que se ha filmado hasta ahora, no es que abra grietas o asuma una nueva búsqueda estética (como el Hulk de Ang Lee) sino que la película de Batman es muchísimo más que eso: encerrarla en ese cluster es minimizarla, las resonancias se expanden como los brazos de un río. Para empezar, un bestial Ledger le pone tanta locura al Guasón que lo convierte en un terrorista paranoico (que deja de ser caricaturesco o simbólico, como el ideado por el gran Jack, para convertirse en un tipo jodidamente verosímil que (sobre)vive del caos. El guión, los diálogos y la dirección son excelentes. Las escenas de acción de las mejores que he visto. La música de Hans Zimmer es perfecta, junto con el crescendo que se convierte en un ruido metálico sobre el final del film. La tensión que va en aumento, por así decir, porque hay varios momentos en que hay que agarrar con fuerza la butaca: cosa que hice, a pesar de lo horrible que es ir al cine en vacaciones de invierno. Nolan hace maravillas, especialmente con la dosificación del tensiometro, lo alarga, lo pluraliza, se permite ir repartiendo varias historias (no solo la de los personajes principales, vean sino la escena del transbordador) historias cuyo catalizador parece ser el Guasón (sino lo dije, Ledger la rompe) Sorprende pensar que a partir del personaje del Joker se van tejiendo las otras historias (¿era en principio un personaje secundario que se terminó comiendo la película? Difícil, su protagonismo es claro, aunque quizá menor que el del fiscal Dent. Aún así, no conviene olvidarse del resto del reparto, que la deja chiquita y están impecables, todos y cada uno, ni del golpeador Bale, el mejor Batman de la historia) Otro asunto es el hiperrealismo que le imprime Nolan: baja el film a la calle, a la humedad y la brea, Ciudad Gótica ya no es el romanticismo burtoniano sino lo mas parecido al Chicago de la década del veinte, dominada por Capone, en la que se inspiró Bob Kane para fundar su ciudad del crimen, pero ahora, con Nolan, se convierte en la city perversa del siglo veintiuno, oscurísima y perturbada.
En fin, me quedan muchísimas cosas en el tintero: por lo pronto, El caballero de la noche es una película extraordinaria y muy recomendable. Vayan a verla y me cuentan.


viernes, 1 de febrero de 2008

Las horas

Stephen Daldry, director de Las Horas, cuenta en los anexos que trae el dvd - una de esas escasas oportunidades en que la película viene acompañada con material valiosísimo y muy interesante- lo difícil que fue encontrar al pequeño Jack, la versión infantil de Ed Harris, especialmente porque la mirada de Ed tiene una afección muy particular. Daldry también explica como al chiquitín le narraban historias de hadas durante el rodaje, luego utilizaron esas expresiones durante el film: las causas de las reacciones, en el personaje, son bien distintas, pero el efecto es el mismo. ¿Qué es lo que hace que una expresión proveniente de la maravilla de una historia pueda pasar como un gesto de abandono o de tristeza? Se puede creer que esto solo ocurre en un plano distintivo al real, que es la dimensión que funda el cine. Pero quizás no sea así. Por que las miradas del pequeño Jack funcionan a la perfección sin que uno conozca su secreto. Mi hermano, por ejemplo, mayormente en su niñez, utilizaba prácticamente las mismas muecas para llorar que para reír. A veces uno no sabía, al principio, que es lo que iba a hacer. Esto le debe suceder a mucha gente. Daldry cuenta un montón de cosas copadas. Durante la famosa escena en que Virginia Woolf y su marido discuten en la estación de tren, cuando ella pretende viajar a Londres, Daldry explica que mantuvo separados a los dos actores durante todo el día de filmación, para así lograr que la tensión corporal y emotiva estallara en el momento del encuentro.
Una última cosa: desde que vi a Julianne Moore en Magnolia- y un poco después en su bellísimo papel de pornostar en la primer película de Anderson, Boggie Nights- se convirtió en mi actriz preferida. Literalmente me partió el bocho. De la belleza de Nicole Kidman no hay mucho que agregar. Pero en la entrevista, cuando las tres actrices de la peli comparten sillón, es Meryl Streep la que les pasa el trapo a las otras dos. Mientras Julianne y Nicole están recontra producidas, Meryl se pasea con cero maquillaje y con una colita en el pelo. Hermosísima. Creo que siempre tuve debilidad por esa clase de sencillez.