miércoles, 10 de febrero de 2010
La edad del inspector Stansfield
me calcé unas pantuflas y le abrí
la puerta al perro. La casa estaba oscura
y la empecé a recorrer
usando una camisa vieja; me encontré
con un reflejo mío en el espejo
y me dije: "Parezco
un viejo decrepito". Pero decidí
quedarme con la ropa que tenía puesta;
hace unos años me la hubiera cambiado,
pero ahora me la dejé.
Gary Oldman dixit, en la revista dominical de Clarín.
martes, 9 de febrero de 2010
Cheever
En Trabajos manuales de Rodrigo Fresán.
domingo, 7 de febrero de 2010
jueves, 4 de febrero de 2010
Bordeline
domingo, 31 de enero de 2010
Porque no quería hablar de la muerte de Salinger y si colgar un poema de Osvaldo Bossi
Que no regrese, que no relinche
contra la ventana como un caballo
y a su paso se lleve los muebles, abrigos de lana,
ollas, el televisor... Sobre todo que deje en paz
al techo: cada chapa fijada con clavos
a los tirantes, no las arranque como a barajas de cartón.
No se pavonee en torno a mi lámpara
y lo confunda todo con esa voracidad omnívora,
sin restricciones. Que yo no piense: En el fondo,
en el centro de su pecho, se esconde un sitio calmo
para nosotros. Que yo no encuentre cierta belleza
o música en esa órbita destructiva. Ni finalmente,
molido a palos, recaiga sin consuelo en el odio
a torne a la guarida que forjó un niño tímido.
Osvaldo Bossi
jueves, 28 de enero de 2010
martes, 26 de enero de 2010
lunes, 25 de enero de 2010
Módulo de entrenamiento
Un par de noches atrás, en un jardín con diez pinos y botellas de cerveza vacías, charlábamos sobre nuestras primeras lecturas: yo empecé con comics, libros de terror para chicos y Emilio Salgari. El primer libro que recuerdo haber comprado fue La zona muerta de Stephen King; el primero que recuerdo haber leído, o sea, ese libro del cual tengo una imagen clarísima del momento de lectura, fue Parque Jurásico. Viajábamos al campo y yo me enfrasqué toda la ida en el asiento de atrás del Renault 12: esa noche nos quedamos con el auto en un camino de tierra y yo leí hasta dormirme. En cambio a ella le leían Mark Twain y Jack London cuando era chica, recuerda también una adaptación de Star Wars. Stop. No es tan extraña la lógica editorial que va del cine a la literatura, bah, si, quizá sea extraña, naturalmente es usual el pasaje de la novela al cine y no viceversa. El asunto es que me puse a pensar que película me gustaría adaptar (como sea) y escribirla. Tengo una genial: es una peli de los ochenta que transcurre mitad en el oeste yanqui y mitad en el espacio. El protagonista es un chabón veinteañero que vive en un trailer con su madre, labura de lo que puede y tiene una novia preciosa. Como no tiene un mango, es cero cool y no le sobran los amigos, pasa el rato jugando a los fichines en un videogame de naves espaciales, onda Stargate. Una noche, con todos los vecinos aplaudiendo y gritando detrás, rompe el record y pasa la final. Al día siguiente un tipo muy raro pregunta por él y le explica que el stargate era una especie de modulo de entrenamiento que prepara aviadores para una guerra interestelar. Si alguno sabe de lo que estoy hablando, si alguno recuerda el nombre de la peli o algo, por favor tire data…
domingo, 24 de enero de 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Mientras
martes, 12 de enero de 2010
Poesía y music
jueves, 7 de enero de 2010
Me puse a escribir un cuento para chicos

1
Cuando Tomás tenía siete años su mamá Emilia le regaló un libro enorme y lleno de dibujos en el cual se narraban los viajes del Capitán Salsipuedes alrededor del mundo. El Capitán Salsipuedes, un hombre alto que siempre usaba un pañuelo rojo alrededor del cuello, había recorrido América, incluyendo el Amazonas, África y un montón de islas que a Tomás le resultaron particularmente interesantes. También se contaba que el Capitán había viajado con su aeroplano hasta el Ártico, donde tuvo innumerables aventuras. Todo esto, por supuesto, interesó a Tomás, pero ocurrió algo más: descubrió lo que quería hacer durante el verano. ¿Y que quería hacer? Su idea era muy simple: construir su propio avión y viajar por todo el planeta.
2
Durante aquel año Tomás había imaginado su viaje con paciencia. Así, cuando llegó enero ya había pensado cuidadosamente su plan: como todos los veranos iría durante un mes a la casa de sus abuelos y ahí nadie lo molestaría, estaría solo para preparar sus cosas, buscar información y construir su aeroplano. Primero pensó en contarle a su abuelo Jorge su propósito, después, creyendo que toda la gente grande es igual, es decir, que toda la gente grande no cree en las ideas de los chicos, desistió. Lo realmente difícil fue fingir que todas las hojas de papel que había recolectado mientras iba a la escuela eran, como le había contado a su mamá Emilia, para dibujar. Tomás había decidido construir un avión de papel del tamaño suficiente para que él y su perro Arturo viajaran realmente cómodos.
Sigue acá
miércoles, 6 de enero de 2010
Soliloquio obse
Acabar algo al fin
o acabar nada
una sola cosa
repetir esa cosa hasta
creer que se acaba
colocar la idea
en una fila extensa
no vale saltar la fila
no vale pensar
no vale mear el camino
no vale pensar en nada
pensar en otra cosa
es dejar la idea suelta
para liquidarla mañana
o pasado
o nunca.
lunes, 4 de enero de 2010
jueves, 31 de diciembre de 2009
Al carajo todo
martes, 29 de diciembre de 2009
El puto año termina
Temporada de conejos - Martín Buscaglia
Pesebre - Axel Krygier
domingo, 27 de diciembre de 2009
Uno de Crossover
Algunas cosas se saben y otras
se aprenden con el tiempo;
para el señor Miyagui
ya estaban abiertas las puertas que a mi madre
le brindó un pequeño libro que explicaba
milenarias tendencias orientales
ejercicios de relajación y técnicas
para vivir cien años. Como también
detallísimas instrucciones para hacer
bonsáis:en el jardín de casa
sobre una mesa de madera construida
a desnivel que brilla
ante el reflejo del sol,
les recorta la raíz de alimento
cuando se cumple el quinto mes,
poda con amor y paciencia
sus ramas finas, les da forma
con una pinza de mango celeste
que me recuerda el pico
de un tucán caribeño.
No está encerrando los años sino
las consecuencias de esos años:
las miniaturas
con sus hojas y su pequeño flujo de savia
y su pequeño temblor. Mi madre
representa la figura de un leñador
evolucionado por la dinámica
del capitalismo occidental. Me pregunto
que fijación tienen los orientales
por las cosas pequeñas: ¿será
la falta de espacio
una esencial preocupación por el detalle
o quizá el devenir materialista
de sus pijas cortas?
Pasa un año, pasan dos,
pasan cinco años: mi madre
envejece; encontré hace poco
en un monedero un dibujo
de una cara feliz que yo había hecho
a los cinco o seis. Es natural:
mi madre envejece;
pero quizá para sentirse viva
se somete al embrujo
de indistintos hobbies: tarjetas
macramé, tejidos
adornos en arcilla, bonsáis. Con mi madre
jamás pude
torcer sus raíces
equilibrar con armonía los años
y sus efectos.
sábado, 26 de diciembre de 2009
miércoles, 23 de diciembre de 2009
¡Échale semilla!
Esto es así: después de seis horas de pelotudeo y nauseas (ojo, de diez menos veinte a cuatro de la tarde) entras, das tu tema y te sometes a ese tipo de preguntas que dan ganas de mandar a la mierda la carrera, onda: “¿En que año Rubén Darío publicó Azul? No, no, el año exacto, no me digas finales del siglo XIX, fue en 1897, ese año es fundamental por que muere su mujer y Darío viaja a Buenos Aires y se hace corresponsal de La Nación”. Digo nomás ¿¡Por que no se van un poquito al carajo!? En fin, la cosa es que rendís el último final del año, te sacás una mochila pesadísima de encima y pinta auto-regalo: cerveza fría y Tokio Blues de Murakami. Al rato estás viajando apestado de calor, a pleno con el i-pod y moviendo la patita con la música del gran Axel K:
domingo, 20 de diciembre de 2009
martes, 15 de diciembre de 2009
Man

Se me pone la piel de gallo. A los 43 pirulos el Loco Montenegro se calza la pilcha de Obras Sanitarias para jugar la Liga de las Américas.
jueves, 10 de diciembre de 2009
La que queda
Lanzar un hiper-bolazo
que se trague al presente
dejando un hueco
zona franca
para movilizarse hacia lo inútil
para desconocerse
parking line
a ninguna parte.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Tv por la tarde
Agarro el final de un especial sobre Johann Cruyff: flaco, elegante, una bestia futbolera. Hay una jugada fenomenal en que un tal Van Hanegem le tira un pelotazo frontal y Johann ya sabe lo que va a hacer apenas empalme la pelota con el botín. La ve venir desde lo alto, la cancha llena, sesenta mil alemanes de mierda colmando el estadio de Munich. El otro día me enteré que los alemanes tienen una sola palabra para referir amigo-novia-amante-hermano-querido-chongo y dieciocho formas distintas de decir borracho. Supongo que eso dice bastante de la idiosincrasia germana. En fin, el asunto es que Johann, con una caricia, todo hecho como si tres o cuatro cosas pudieran ocurrir de manera simultánea, duerme la número cinco y al mismo tiempo la arroja dos o tres metros en diagonal. Ahí arranca. El lateral alemán soñará por siempre con el catorce estampado en aquella camiseta naranja. Cuando alcanza el vértice del área grande, con una precisión formidable, cuelga la pelota del ángulo izquierdo del arco defendido por Maier.
lunes, 7 de diciembre de 2009
miércoles, 2 de diciembre de 2009
martes, 1 de diciembre de 2009
El señor de las liebres voladoras
Hace un tiempo me invitaron a participar de una revista literaria. “Podes escribir sobre cualquier cosa” me dijeron. A la pole llegaron tres autores: Cesar Aira, Claudia Masín, Fabián Casas. De Aira me interesaba tanto su ambigüedad imaginativa como su misterio: no da entrevistas, produce a un ritmo infernal, nunca se sabe bien donde está, que hace, como piensa. El sábado apareció, en ADN cultura, una entrevista genial al autor de La liebre. Quiero resaltar dos momentos:
“Creo que la narrativa, en la Argentina por lo menos, ha caído en un realismo un poco chato, casi costumbrista, costumbrista tecno, pero costumbrista al fin. Hay una chatura tal (y me sucede con muchos jóvenes que se reclaman de mi influencia, de mí como modelo) que, cuando leo lo que escriben, me sorprendo. Ha quedado muy relegada la invención. Hay como más voluntad de testimonio, de estas vidas maravillosas que estamos llevando. Creo que la historia les ha jugado una mala pasada a los novelistas, y es que les ha solucionado muchos problemas. Y una novela sin conflicto… Estos jóvenes de clase media, que son los que escriben, los que van a la Facultad de Letras, hoy día ya no tienen ningún problema, la historia se encargó de solucionarles todo. El problema sexual, por ejemplo: hoy los jóvenes no tienen los problemas que teníamos nosotros. Entonces se inventan. O recurren a la neurosis. A la hipocondría. Y toda esa miseria psicológica a mí me cansa. Yo quedé como enganchado a las novelas de piratas: salgamos al mar a hacer algo, a tener aventuras. Este realismo de barrio elegante, Palermo Soho, no me convence”.
“Cuando mis hijos eran chicos, vivíamos en un departamento muy pequeño, y me acostumbré a ir a un café, sentarme y escribir ahí. Buenos Aires es una ciudad, bendita sea, que tiene muchos cafés muy acogedores donde uno puede quedarse tranquilamente. En mi caso, nunca mucho. Media hora, una hora, en que me siento, a mitad de la mañana. Mis hijos crecieron, se fueron a vivir solos, pero la costumbre mía quedó. Así que todas las mañanas, a media mañana, me voy a un café y hago mi sesión del día: escribir una paginita, porque voy escribiendo muy despacito. A veces he pensado si lo mío no se parece más al dibujo que a la escritura, en el sentido de que soy muy fetichista de lapiceras, tintas, papeles buenos, cuadernos muy exquisitos, y escribo tan despacito y pensándolo tanto. Todo lo mío tiene un componente visual muy grande. Siempre estoy pensando que se vea bien lo que estoy escribiendo, al final de cuentas me parece que estoy haciendo un dibujo cada día”
La interviuw completa, acá
viernes, 27 de noviembre de 2009
sábado, 21 de noviembre de 2009
Pero los bateristas
también quedan sordos,
como los artilleros. Quedan
sordos, además de adelgazar
por atender al silencio.
Y no terminan de saber
si oyen el silencio entre las cosas
o no escuchan nada
porque están sordos, y al oír el suyo propio
creen percibir al que se esconde en cada secuencia
irregular de sonidos. Toman su tiempo
por el tiempo de todos
hasta que su música termina
y nadie pregunta qué hora es.
Horacio Fiebelkorn





