miércoles, 22 de abril de 2009

Quién termina qué


¿Cómo terminar un amor?- ¿Cómo, entonces termina? En suma, nadie- salvo los otros- sabe nunca nada de eso; una especie de inocencia oculta el fin de esta cosa concebida, afirmada, vivida según la eternidad. Sea lo que fuere del objeto amado, que desaparezca o pase a la región Amistad, de todas maneras, no lo veo desvanecerse: el amor que ha terminado se aleja hacia otro mundo a la manera de un navío espacial que cese de parpadear: el ser amado resonaba como un clamor y helo aquí de golpe apagado (el otro no desaparece jamás como y cuando se lo espera). Este fenómeno resulta de una limitación del discurso amoroso: no puedo yo mismo (sujeto enamorado) construir hasta el fin mi historia de amor: no soy su poeta (el recitador) mas que para el comienzo; el fin de esta historia, exactamente igual que mi propia muerte, pertenece a los otros: a ellos corresponde escribir la novela, relato exterior, mítico.


Roland Barthes; Fragmentos de un discurso amoroso


domingo, 19 de abril de 2009

Mariposas

Ya vas a ver qué lindo vestido tiene hoy la mía, le dice Calderón a Gorriti, le queda tan bien con esos ojos almendrados, por el color, viste; y esos piecitos... Están junto al resto de los padres, esperan ansiosos la salida de sus hijos. Calderón habla pero Gorriti solo mira las puertas todavía cerradas. Vas a ver, dice Calderón, quedate acá, hay que quedarse cerca porque ya salen. ¿Y el tuyo cómo va? El otro hace un gesto de dolor y se señala los dientes. No me digas, dice Calderón. ¿Y le hiciste el cuento de los ratones...? Ah, no; con la mía no se puede, es demasiado inteligente. Gorriti mira el reloj. En cualquier momento se abren las puertas y los chicos salen disparados, riendo a gritos en un tumulto de colores, a veces manchados de témpera, o de chocolate. Pero por alguna razón, el timbre se retrasa. Los padres esperan. Una mariposa se posa en el brazo de Calderón, que se apura a atraparla. La mariposa lucha por escapar, pero él une las alas y la sostiene de las puntas. Aprieta fuerte para que no se le escape. Vas a ver cuando la vea, le dice a Gorriti sacudiéndola, le va a encantar. Pero aprieta tanto que empieza a sentir que las puntas se empastan. Entonces la sostiene con una mano, desliza los dedos hacia abajo y comprueba que la ha marcado. La mariposa intenta soltarse, se sacude y una de las alas se abre al medio como un papel. Calderón lo lamenta, intenta inmovilizarla para ver bien los daños, pero termina por quedarse con parte del ala pegada a uno de los dedos. Gorriti lo mira con asco y niega, le hace un gesto para que la tire. Calderón la suelta. La mariposa cae al piso. Se mueve con torpeza, intenta volar pero ya no puede. Al fin se queda quieta, sacude cada tanto una de sus alas, pero ya no intenta nada más. Gorriti le dice que termine con eso de una vez y él, por el propio bien de la mariposa por supuesto, la pisa con firmeza. No alcanza a apartar el pie cuando advierte que algo extraño sucede. Mira hacia las puertas y entonces, como si un viento repentino hubiese violado las cerraduras, las puertas se abren, y cientos de mariposas de todos los colores y tamaños se abalanzan sobre los padres que esperan. Piensa si irán a atacarlo, tal vez piensa que va a morir. Los otros padres no parecen asustarse; las mariposas sólo revolotean entre ellos. Una última cruza rezagada y se une al resto. Calderón se queda mirando las puertas abiertas, y tras los vidrios del hall central, las salas silenciosas. Algunos padres todavía se amontonan frente a las puertas y gritan los nombres de sus hijos. Entonces las mariposas, todas ellas en pocos segundos, se alejan volando en distintas direcciones. Los padres intentan atraparlas. Calderón, en cambio, permanece inmóvil. No se anima a apartar el pie de la que ha matado, teme, quizá, reconocer en sus alas muertas, los colores de la suya.

Samanta Schweblin

viernes, 17 de abril de 2009

Moby por David Lynch

miércoles, 15 de abril de 2009

El tatami


Mi perro se llama Bob. Se llamaba Bob en realidad. Goyo es la cría que recibimos cuando Bob sirvió a un pastor alemán. Al peludo le costó un huevo y la mitad del otro, al principio no quería, cuando le tomó el gustito no quería parar. Cuando me fui me llevé al perro y Goyo, por supuesto, se quedó con mis viejos. Ahora debe andar por los siete años. Es lindo. Se queda tirado cerca mientras escribo en la pieza o cocino o me pego un chapuzón en la pile. Tiene los ojos mansos de sueño y una tontera que a veces se acerca tanto a la lucidez que da un poco de miedo: esos perros que, en alguna parte, parecen esconder un brillo de inteligencia. La cosa es que a mi me gusta fumar faso en las alturas: ni siquiera en la segunda terraza sino arriba del tanque de agua: a veces pensaba, cuando te pega esa paranoia tan especial que te brinda la marihuana, que cualquier vecino podría verme trepando o bajándome del tanque y naturalmente agarrar la escopeta y rajarme los sesos de un tiro. Esa altura es exquisita, porque estás más alto que nadie, en Ramos no hay tantos edificios, al menos fuera del centro y entonces te podes tumbar tranquilo, mirar las cosas, pensar. Sos el dios de tu cuadra. Y abajo Goyo me mira y a veces, justo antes de que me decida a bajar, suelta esos chumbones bárbaros, como si no me reconociera. Entonces es cuestión de descender y calmarlo con caricias en la trompa, aclararle que ya no soy el dios de nada, que ya pasé los treinta y estoy a su altura, que ya es hora de agarrar la correa y salir de paseo.

El cuento completo acá

martes, 14 de abril de 2009

domingo, 12 de abril de 2009

¿Se te viene una semana jodida?

¡Ponete la máscara de Christopher Walken y arrasá con todo nene!


Cosas que si o no


Brota la fiebre y me quedo en casoli. No hay viaje de semana santa, no hay cash, no hay histeria femenina en la costa; apenas unas cervezas y una nueva versión de la despedida del sábado pasado: esta vez en un cabaret de morón; queda un viernes de películas y jugo de naranja tirado en el sofá, un sábado de paseo por San Isidro (¡que top!) picada y, más tarde, cita en bar de Caballito. Se esfumó el tan ansiado viaje al Tigre. Me viene una imagen: camino de la mano de mamá por el mercado de frutos; me siento en las escalinatas sucias que dan al río, cerca del bodegón donde almorzamos. Hoy domingo, ojala, salga un Gabo Ferro, para cerrar a full un finde demasiado heterogéneo.


viernes, 10 de abril de 2009

Todo lo que toca se vuelve agua



Aquel domingo a la tarde en que me tomé un café en la boutique del libro solo porque estaba sonando un maravilloso disco de Leonard Cohen, esa misma tarde, empecé a descubrir a Nick Drake. Me lo mencionó ella entre vasito de birra y pizza; pensé después que hay algo en los cantantes suicidas y con cara de otoño que le pega duro a las pibas melancólicas. Todo bien. La cosa es que al otro día me bajé Pink Moon y el disco anterior, el que suena más jazzie. No solo eso, me devoré una nota fenomenal de Rodrigo Fresán. Algunas perlitas:


Nick Drake no sabía hablar por teléfono, pero le encantaba escuchar música con audífonos. Murió sin conocer el walkman. Alguien escribió que cuanto más se lo escucha a Nick Drake, más se duda de su existencia


Al final, ni asistía a las presentaciones de sus discos. Ponían una foto suya, tamaño natural, pegada y recortada contra un cartón.


Manía persecutoria, pánico al invierno, autismo, drogas recreacionales entendidas como forma de castigo, altas y bajas, psiquiátricos, seguir grabando –en las canciones desesperadas de Pink Moon no hay un solo poema de amor–, dejar el master de su brevísimo disco minimal en la puerta de su compañía grabadora sin avisarle a nadie. Uñas largas y pelo sucio. Drake lee El mito de Sísifo de Albert Camus. Intenta entrar al ejército, pero no. Intenta trabajar en un estudio de grabación, pero no. Intenta estudiar para programador de computadoras, pero no. Intenta comprender por qué sus discos no se venden, pero no. Vuelve vencido a la casita de los viejos. Desaparece sin que a nadie le importe. Se va a dormir una noche y no despierta al día siguiente


miércoles, 8 de abril de 2009

Otoño

martes, 7 de abril de 2009

Entrada a pie de página


El sábado las fui a escuchar a Cobra: una librería muy chic cerca del Parque Centenario, tan coqueta como pequeñísima, que tiene un buen surtido de poesía contempo, fotografías y libros raros de Aira. Como es normal, llegué tardísimo así que me tuve que plantar afuera mientras una de las chicas empuñaba su viola. Cuando el interior se fue desagotando pude chusmear y llevarme un librito bastante artesanal con poemas de Bukowsky. Claro. Las cosas suceden a destiempo: en mi época sub-20 leí algo en un una edición horrible, que venía con los poemas y su traducción engrampados a doble página. Me quedé con ganas de comprar un libro de Diana Bellesi y otro de Mariano Blatt. Últimamente la guita no me alcanza para nada. Tengo que volver. En el viaje en tren anduve leyendo algo; me fui hasta Castelar, a la despedida del amigo que se va por un año a Nueva Zelanda (Acordarme siempre de esta frase de Bioy: “Los viajes, por que nos enriquecen de recuerdos, agrandan la vida”) Demasiadas cosas esa noche, demasiado, como si hubiese vaciado el tanque de golpe, como si ahora solo me quedara un cansancio enorme y puro desgaste.


Voy a copiar uno de los contados poemas no tan pesimistas del viejo lobo:


Conocí a un genio:


conocí a un genio en el tren

hoy

como de seis años de edad

se sentó a mi lado

y mientras el tren

avanzaba a lo largo de la costa

llegamos hasta el océano

entonces él me miró

y dijo

no es hermoso.

fue la primera vez que me

percate

de ello.


sábado, 4 de abril de 2009

Furiado


Arriba del Sarmiento compré una edición en fotocopias de un tal Gastón Almada: el cuento, titulado “Pene XXL” promete mucho hardcore. No está tan mal, tiene un par de escenitas un poco brutales, sobretodo una en un chat, arruinada algo por la voz de la primera persona (“mientras pensaba que responder me llegó una foto de ella: parecía tan sexy como vulnerable; me dieron ganas de cojer”) Por momentos, un poco pretensiosa en lo que a estilo se refiere. En fin. Llegué tarde al Bafici, no habías mas entradas, así que fuimos a cenar una pizza con espárragos (ay, las cosas que uno hace) o algo así, con un porroncito de cerveza que dentro del Abasto sale diez mangos. Hablamos de cine, Radiohead, Liniers, viajes. Cosa rara: mientras adentro pibes de lentes hacían la cola para ver una peli francesa, afuera vimos como unos peruanitos usaban una sierra eléctrica para romper el candando de una mountain bike. Linda zona eh. Te infla un poco la paranoia caminar por ahí. Pero estuvo mas que bien, hacerle el aguante al fresco en la parada del 109, que se yo, una noche linda al finale.


viernes, 3 de abril de 2009

Lecturon

martes, 31 de marzo de 2009

Chaveleada de jueves

lunes, 30 de marzo de 2009

Beyond here lies nothing

Acá te podés bajar el primer corte del nuevo disco de Bob, que sale a fin de mes. Atenti que la generosidad del viejo cowboy termina el miercoles.

viernes, 27 de marzo de 2009

El tanque


Mi padre avanza por la loza hacia

los primeros peldaños del tanque

que chorrea hilos de agua

sobre el pasto:

el sol le pega en los ojos

como el martillazo

de una máquina enceguecida


lloverá, está noche o mañana

a lo sumo

dice inflando el pecho

se sostiene con los dedos

del borde

perdido en su interior:

si tan solo se pudiera

observar el mar de este modo

el agua por dentro:


¿qué pensaríamos

de nosotros

aquí afuera?


de la decepción no se vuelve

ya nunca se vuelve

de cierta clase de inocencia.


jueves, 26 de marzo de 2009

Regalos II


Primero una sensación: que linda la gente que regala libros. Luego: ¿el regalo dice más del que regala o del que recibe? En un tiempo en que sentimos descender nuestra autoestima y estamos cursis y melancólicos, tiempo en que suena mucho Nick Cave y Norah Jones en nuestro mp3, en estos momentos: ¿A quién se le ocurre regalarnos los deseadísimos “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes? Sencillamente, gracias.


miércoles, 25 de marzo de 2009

Not alone



martes, 24 de marzo de 2009

Cosas que piensa Daniel Durand


Una vez que iba en tren para el oeste tuve una visión, empecé a ver todos los fondos de las casas, la mayoría de ellos con una pileta, y ahí llegué a la conclusión de que los seres humanos todavía somos anfibios, a mi la lluvia me redime, un vaso de agua me hace sentir mejor, las piletas me ilusionan, a la noche los chorros de agua que caen en los tanques me tranquilizan, me proporcionan imágenes ligadas a lo adánico, y ni que hablar de la sensación de ver correr el río, ahí me siento muy tranquilo.

Acá la entrevista completa

lunes, 23 de marzo de 2009

Regalos


Hace algunos meses me crucé con un documental sobre Phillip Dick por canal Infinito. No recuerdo quién contaba que, en su época de máxima pobreza, en la cual jamás dejó de escribir y sus manuscritos eran rebotados una y otra vez por las editoriales, la familia Dick llegó al summun de verse obligados a cenar comida para perros. No es exactamente un regalo de cumple sino más bien un préstamo, pero “El hombre en el castillo” comienza con una dedicatoria maravillosa:


A Anne, mi mujer, sin cuyo silencio este libro nunca se hubiera escrito


Recibí otras cosas: me regalaron un libro de viajes de Liniers. Hay una viñeta en que el señor conejo pasea por Lisboa escuchando Blood on the tranks y piensa en su mujer, Angie. Mientras volvía a casa en el 113 no dejaba de maquinar como el disco de ruptura amorosa mas groso de la historia mutaba ya no en nostalgia o ira o abandono, sino en amor por la compañera distante o, quizá, la falta de ese amor a causa del traslado. Que, al final, es posible trabajar algunos conceptos y reconvertirlos en otra cosa. Yo soy más básico o vulgar: para mi Tangled up in blue es y será siempre la grieta, extrañarla, la rabia repentina.


viernes, 20 de marzo de 2009

¡Mirá quién vino!

Ahora solo queda acostumbrarse a los 25. Por lo pronto pienso fiestear y brindar brindar brindar...

martes, 17 de marzo de 2009

¿Cómo te llamarías si fueras una actriz porno?

El nombre de tu primer mascota + la calle donde vivís: Layla Leiva

domingo, 15 de marzo de 2009

Ziggy Stardust


basta con verlo

un sol potente fluye en el desaguadero y cae

sobre los ladrillos. obreros

cortan fiambre con las manos

y lo colocan en miñones que mi vieja

les trajo del almacén;

toman coca cola del pico

y luego fuman, sentados en cajones o en banquetas

tajeados en círculos

sin mirarse. a las cinco

se van en bicicletas

que parecen de posguerra.

no hablan, mejor dicho

hablan demasiado poco: a veces siento

que son seres de otro planeta:

no compartimos el miedo

el mismo lenguaje

ni idéntica

orientación marxista.


viernes, 13 de marzo de 2009

Postales de infancia

jueves, 12 de marzo de 2009

Watchmen


Cuantitativamente el cine, en términos de industria, está muerto. Cualitativamente la cosa cambia. ¿O será nada más que otra frase salida de los gustos personales por determinado tipo de pelis? Después de ver Watchmen, me quedan algunas sensaciones:


Quizá sea la mejor adaptación que se ha hecho jamás de una historieta


No hay ninguna contradicción en esto de “novela gráfica”


Alguien se zarpó con la dirección de arte: ¿Podría ser mas adecuada esta canción de Dylan en los títulos iniciales? ¿O escuchar a Leonard Cohen mientras el Búho nocturno y Espectro de seda se dan maquina?


¿Cómo complejizar y delinear tan pero tan bien a ese maravilloso personaje que es Rorschach?


martes, 10 de marzo de 2009

¿Y quién se atreverá a decirme ahora
que no tengo coraje, que no me mezclo
con los demás o que no me apasiono?
Hoy he hecho una fila
de casi media hora en el correo;
soporté toda la fila paso
a paso, percibí el olor
atroz de los varones
y los viejos; también el de las mujeres.
Sentí unas manos que me tocaban el culo,
que me apretujaban. Reconocí
la náusea, y la dejé en el mismo lugar
en donde estaba; mi cuerpo
se llenó de sudor; me expuse
a la pulmonía. NO es en el amor
hacia mí sino en el horror hacia los demás
donde yo me reconozco.

patrizia cavalli


domingo, 8 de marzo de 2009

Valentía


Me apuestan un ferné que mañana, durante la operación, me desmayo. Una estupidez, todo porque hace un par de semanas me desvanecí y caí al piso mientras me sacaban sangre. Recuerdo que cuando abrí los ojos la enfermera me miraba asustada, con un vaso de agua y azúcar en la mano. De chico, a los ocho o nueve, me pasó lo mismo por un golpe en la cabeza, andando en bicicleta por el barrio. Fuimos corriendo al sanatorio. No fue nada, pero soñé que surfeaba. Ahora, fue toda una masa negra, el mismo terror que deben sentir esos tipos que están en coma y de pronto recobran la conciencia: exagerando, una mini muerte que dura unos segundos. Por que, al perder todo hilo temporal, no sabes en donde estás, cómo fue que llegaste ahí, porque no te podés mover. Como dije, es un segundo. Después los brazos de alguien que quiere o más bien intenta levantarte. La cosa es que mañana a las nueve me van a estar sacando un quiste en la base del cuello, nada grave, aunque demasiado cerca de la garganta para mi gusto. Si todo sale bien, a la noche estaríamos tomando un merecido fernecito que viene de arriba.


Los domingos son para dormir


Aunque nuestro gurú musical nos advierta que los años no pasan en vano, que esos alaridos deben dejarlo exhausto, que, es verdad, ya no canta como antes, nos importa todo un huevo: a Tom lo seguiríamos hasta el fin del mundo.



sábado, 7 de marzo de 2009

Y ahora escribimos canciones por encargo...

Telarañas:


Lo que el dolor retuerce

es siempre la misma fibra

que sostiene el peso muerto de las cosas


el equilibrio de lo duradero

es tan leve/ comerse

el pellejo

entrar en pánico

sofocada


y ahora nada basta

lo único que tengo es la letra de esta canción

que se escucha ¿ves? tan bajito


me demora el placer por el drama

la huella de una viuda que huye

con lentes de sol

para ocultar telarañas


y lo único que me va quedando

es la letra de esta canción

que se escucha, ay, tan bajito


Sabemos: solo se alcanza lo externo

lo frágil

un desierto que jamás germina


como si dentro de mis hojas durmiesen gritos

a través de pequeñas ventanas escalonadas


pero nada me basta

lo único que tengo es la letra de esta canción

que ¿ves? ya casi desaparece


viernes, 6 de marzo de 2009

Anotaciones


De los planes estúpidos, mas que planes impulsos momentáneos, hay un par que harían de este año uno terriblemente ambicioso: sacar de una puta vez el registro, animarme a cambiar de trabajo, sostener una relación por más de dos meses y medio, introducir en el imaginario los planes, aunque sea, de ir a vivir solari.


jueves, 5 de marzo de 2009