domingo, 17 de febrero de 2008

Una mesa con cien mamuths

El futuro empieza en algún lado, dice la voz en off de la peli, mientras Kate Winslet se duerme junto a su hijo. Así termina la aventura no del todo fallida de Todd Field sobre los impulsos humanos y aquellos sentimientos que permanecen a la sombra, a veces violentamente proscriptos, indeseables o bellos. Así termina mi domingo, o comienza la madrugada del lunes. Me siento a escribir. Pero quiero volver, la salida del subte en Plaza de Mayo, ese violento germen de pánico o ansiedad, las dos cosas, hace tanto que no viajaba en el subte medio desolado de los sábados. Y también el miedo. Casi siempre me doy cuenta que estoy golpeando las rodillas después de varios minutos. No puedo parar. En la superficie escucho los bombos y me viene el olor de los choris. Alguien habla de una banda que viene desde Mendoza y arranca, de no se donde, la música de Karamelo Santo. Después de un rato enfilo para el Parque Lezama, no se bien a qué, descubrir, buscar, hacer algo. Hace tiempo que ando rellenando cada momento con lo que sea que surja. Para no estar conmigo a secas. Algo parecido. Pero me siento a escribir, encuentro un mensaje diciendo que el poemario es bonito, la parte doce increíble. Sonrío. Y sé que se me forman unos pequeños hoyuelos debajo de la barba. El primer cuento de Abelardo Castillo que leí, una mañana en La Plata en la que no pude pegar un ojo, que cerraba, a lo Castillo: hay cosas que jamás debieran escribirse. Entonces todo como un gran cuento de Hemingway, lo verdaderamente importante está ocurriendo en los márgenes de lo que se escribe. Ahora la sonrisa es forzada. Me voy a dormir.

5 comentarios:

. dijo...

Hace tiempo que se rellena todo, con eso, que no sabemos que es, pero aparece.

. dijo...

Martín. En marzo habrá lectura. ¿ te aviso? Me gusataría entender mejor eso de los desvíos. El recorrido... no me quedó claro.
besos.

Martín dijo...

Claro Paula. Ahora intento una respuesta en tu espacio. Besos!!

L. dijo...

Sr Martìn: pero què post tan encantador. Un gusto haberlo conocido.
Slds,
L. (Luciana)

Martín dijo...

Ey, gracias Luciana. No sabes que raro: recuerdo tu blog, especialmente el post en que hablás sobre el libro del neurótico Woody ¿sabes?

Nos estamos cruzando! Abrazos!