viernes, 27 de marzo de 2009

El tanque


Mi padre avanza por la loza hacia

los primeros peldaños del tanque

que chorrea hilos de agua

sobre el pasto:

el sol le pega en los ojos

como el martillazo

de una máquina enceguecida


lloverá, está noche o mañana

a lo sumo

dice inflando el pecho

se sostiene con los dedos

del borde

perdido en su interior:

si tan solo se pudiera

observar el mar de este modo

el agua por dentro:


¿qué pensaríamos

de nosotros

aquí afuera?


de la decepción no se vuelve

ya nunca se vuelve

de cierta clase de inocencia.


6 comentarios:

luisa dijo...

Eeeeeeeeeepa, epa epa epa. Qué grande este poema señor, sí señor. Oh sí, señor.

Y no se vuelve... oh. Tristeza absoluta :(

uhh dijo...

"idem anterior"
epa

Lucila dijo...

De la decepción no se vuelve.

Groso.

Ro dijo...

El poema es grandioso Martín, y creo que ese final, nos pegó fuerte a todos. Y sí, claro que sí, no se vuelve...

Mi beso.

Male dijo...

Muy lindo.

Dan ganas de estar ahí mismo con el pasto a punto de llover.

Nadia* dijo...

Gran.